‘Los locos de Valencia’, de comedia de enredo a caricatura musical

'Los locos de Valencia', de comedia de enredo a caricatura musical

Una genial trama de Lope de Vega ambientada en un manicomio como sinónimo de la sociedad, convertida ahora en alegre farsa de personajes bufos y cancioncillas, modificando el reparto, corrigiendo el texto y adaptando todo ello al gusto medio del espectador superficial. Queda el poso imborrable del autor y se pasa un divertido rato que al parecer es de lo que se trata.

El autor ya declaraba sus serias intenciones hace cuatro siglos en la misma introducción: ‘… La naturaleza de los sofistas es desear más parecer sabios, que serlo y no lo parecer. Notablemente cuadra con algunos arrogantes desta edad este problema, que con ingenios bárbaros, cortos estudios ó ningunos, quieren adquirir la opinión que no merecen; y pareciéndoles que los otros la consiguen, escurecen sus vigilias con sus desprecios’.

En la compleja trama que traza, Floriano, caballero zaragozano, cree haber dado muerte, en desafío, al príncipe Reinero, hijo del rey, y huyendo de la justicia llega a Valencia, pidiendo amparo a su amigo Valerio, que le aconseja que se finja loco y se esconda en el manicomio. La joven Erífila llega a Valencia, acompañada de Leonato, criado de su padre, que le había fingido amores, al ver que no podía conseguirla y ante el temor de la venganza de su amo, le roba las alhajas y la deja casi desnuda cerca del hospital de locos, donde la conducen creyéndola demente. Erífila y Floriano, fingiéndose locos, se enamoran el uno del otro. Un enviado del reino de Aragón llega con el encargo de prenderle. Floriano se tizna el rostro para no ser identificado con el retrato suyo que este porta, mientras Fedra, la sobrina del administrador, se enamorada tan locamente de Gloriano, que llega a enfermar y para salvarla de la muerte se acuerda simular su casamiento con Floriano. Al enterarse de ello, Erífila, le delata, pero cuando van a prenderle, un caballero desconocido que visita en aquel momento el hospital proclama su inocencia, pues él es el príncipe Reinero, que aprovechando la muerte de uno de sus criados que llevaba varias prendas suyas, hizo desaparecer el cadáver y propagó la noticia de su propia muerte por ver si conseguía ablandar el corazón de la mujer que lo había traicionado. Y todo termina en los casorios de Floriano y Erifila y de Valerio y Fedra.

Sobra recordar que Lope Félix de Vega Carpio (1562-1635) fue uno de los poetas y dramaturgos más importantes del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los autores más prolíficos de la literatura universal. Se le conoce como Fénix de los Ingenios -el ave mitológica inmortal- , Monstruo de la naturaleza lo llamó Cervantes y a su muerte se recitaba un credo paródico blasfemo que empezaba: Creo en Lope de Vega todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra’, hasta que fue prohibido por la inquisición. Escribió centenares de comedias y aunque el tiempo ha seleccionado a un par de docenas como obras maestras, el resto esconde maravillas como esta ‘Los locos de Valencia’ que se siguen descubriendo y se seguirá durante algún siglo más.

Pues bien, Alonso de Santos se ha sentido capaz de transformar profundamente esta comedia de enredo para hacer de ella un producto cultural de fácil consumo. Mantiene la esencia, la métrica versificada y la trama de enredos original, pero introduce modificaciones clave: introduce composiciones musicales interpretadas con guitarra y teclados, y realiza una limpieza de arcaísmos complejos buscando que el juego de palabras original resulte natural y fluido. Ambos empeños no están mal, mejor el segundo que el primero. Pero aunque se preserva la poesía lopesca, se potencia el carácter festivo por encima de los matices más sombríos del cautiverio o la locura real, y se reestructura el texto original enfocándose en la premisa humorística de la obra: ¿Nos enamoramos porque estamos locos o nos volvemos locos al enamorarnos. lo cual ya nos parece atrevido, discutible y probablemente errado.

De los 17 personajes iniciales se pasa a doce, se crea alguno y se funden varios. Se suprime al malvado Leonato y así nos ahorramos la escena inicial de horror y violencia para no empañar el tono festivo de la obra. Se crea un doctor Cabezas fusión de dos personajes y sus dos asistentes adquieren protagonismo cómico hasta pasarse. Y al ser coproducción con Argentina se alteran los personajes femeninos clave como Elvira y Fedra. Los personajes Belardo, Calandrio y Verino desaparecen. Belardo era el clásico personaje pastoril/gracioso que Lope de Vega utilizaba para introducirse a sí mismo en sus propias obras. Calandrio es un loco real que se cree el propio Lope de Vega, y Verino es otro de los enfermos crónicos. Bien es cierto que mantener la cantidad de personajes originales de Lope requeriría un elenco imposible de manejar en comedia musical con coreografías y música en directo.

En fin, más que una simple actualización o un corte de escenas, José Luis Alonso de Santos realiza una versión libre o reescritura teatral en toda regla, una obra nueva con entidad propia con cambio de género y estructura: Lope de Vega escribió una comedia de capa y espada en verso; con desaparición del subtexto trágico y la realidad sórdida de los manicomios de la época; se altera la mecánica de los conflictos originales. Los diálogos ya no pertenecen a los mismos emisores ni buscan el mismo efecto satírico.

Alonso de Santos utiliza el armazón de Lope de Vega —el famoso concepto de fingirse loco por amor en el hospital de Valencia— pero edifica sobre él un artefacto teatral contemporáneo, adaptado a la sensibilidad y al ritmo del público actual. Lope de Vega utilizaba el final para lanzar una moraleja barroca: el manicomio es una metáfora de los vicios del mundo real. Alonso de Santos redirecciona este mensaje hacia una reflexión contemporánea sobre la salud mental y la empatía. Al caer el telón, el juego de enredarse y fingir para sobrevivir deja en el espectador la idea de que todos estamos un poco desajustados y necesitamos el amor y la música para sanar.

La directora ha seguido fielmente este enfoque y lo completa con una notable puesta en escena, un entorno de fantasía sin un tiempo definido. La escenografía de Alessio Meloni siendo tan clásica resulta muy atractiva, bien combinada con la iluminación de Juan Gómez-Cornejo e Ion Anibal y el vestuario de Daniel Torres. También hay que destacar el sonido diseñado por Alberto Vela y añadir que sin embargo la coreografía de Alberto Sánchez Diezma nos resultó demasiado efectista, de show televisivo.

Y vayamos al reparto, que por numeroso y eficaz lo merece. Sin duda hay que destacar el Doctor Cabezas de Arturo Querejeta y el Conde Valerio de Jacobo Dicenta, ellos ejercen un contrapeso de eficacia sobria sobre tanto exceso histriónico, tanta sobreactuación cómica que pesa sobre el montaje. Las dos aportaciones argentinas, Florencia Otero como la protagonista Elvira y Lucila Gandolfo como esa curiosa Directora Gerarda, luchan con sus dejes porteños con bastante éxito, pero necesitarían más. Y Daniel Muriel salva bien al protagonista Floriano alternando locura y cordura en difícil equilibrio. La pareja de locas enamoradizas Fedra y Laida, está a cargo de Antonia Paso y Ángeles Martín y la manejan con los excesos chuscos que les han exigido, y a Xavi Caudevilla y Guillermo Calero les tocan los papeles más enloquecidos, tanto que apenas se comprenden. La guinda bufonesca la pone el Príncipe Reinero que Carlos Manrique Sastre hace lo más despendolado posible. Acertados los dos músicos en escena, Alberto Vela y Beatriz Fernández.

Esta versión libérrima de la obra de Lope se estrenó en junio pasado en el Festival Clásicos de Alcalá de Henares. En enero de este mismo año el Instituto Valenciano de Cultura produjo otra versión dirigida por Jorge Picó con dramaturgia de Vicent Montalt y Jorge Picó, y en 2024, José Luis Matienzo dirigió la suya propia en la Casa-Museo de Lope de Vega en Madrid. Aunque para swer justos hay que citar a la Academia del Verso de Alcalá, que en 2013 ya la recuperaron dirigida por Juan Polanco, recordando además que se trata de la primera comedia dramática europea que convirtió una casa de locos en material literario. Carecemos de referencias de esta y las otras dos versiones anteriores para compararlas con la que comentamos hoy.

‘Los locos de Valencia’ estrenada este martes tiene méritos indudables y es un espectáculo logrado. Siendo una trivialización aventurada del texto y el propósito de Lope de Vega, podría aprobarse por eso de que el público de hoy no está para profundidades y matices, por conservar la fuerza y rigor del verso lopesco, por mantener un ritmo incansable y por hacer cantar -y bastante bien- a los intérpretes. Pero permítasenos mantener ciertas reservas ante el uso y abuso de autores consagrados como reclamo para luego traicionarlos.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Versión: 7
Dirección: 7
Interpretación: 7
Puesta en escena: 7
Músicas y coreografías: 6
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: n/h

TEATROS DEL CANAL
Sala Verde
‘Los locos de Valencia’, de Lope de Vega
versión de José Luis Alonso de Santos
dirección Pepa Pedroche
Del 1 al 20 de septiembre de 2026

Reparto
Doctor Cabezas – Arturo Querejeta
Floriano – Daniel Muriel
Conde Valerio – Jacobo Dicenta
Elvira – Florencia Otero
Directora Gerarda – Lucila Gandolfo
Tomás – Xavi Caudevilla / Pepe Sevilla
Martín – Guillermo Calero
Fedra – Antonia Paso
Laida – Ángeles Martín
Príncipe Reinero – Carlos Manrique Sastre
Cupido – Alberto Vela
Euterpe – Beatriz Fernández

Ayudante de dirección: Lucía Bravo
Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo, Ion Anibal (AIV)
Diseño de sonido: Alberto Vela
Diseño de escenografía: Alessio Meloni
Diseño de vestuario: Daniel Torres
Coreografía: Alberto Sánchez Diezma
Una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal. Coproducción con Club Media Network y el Complejo del Teatro San Martín de Buenos Aires.

Duración 1h40′ sin intermedio
Del 1 al 20 de septiembre
De martes a sábados 19.30 h.
Domingos 18.00 h.
Encuentro con el público: 3 y 17 de septiembre, después de la función.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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