PEGASUS Y ASILO

Mehdi Hijaouy: El espía marroquí escondido en España, va a revelar el contenido del móvil de Sánchez

El antiguo número dos del espionaje marroquí, transita entre un piso secreto de Madrid y  una finca de Cáceres, mientras Rabat aprieta a su familia

Mehdi Hijaouy: El espía marroquí escondido en España, va a revelar el contenido del móvil de Sánchez
Mehdi Hijaouy. PD

Mehdi Hijaouy dejó atrás una posición privilegiada en el aparato de inteligencia de Marruecos para vivir en la clandestinidad en España. Este caso, que recoge en primicia El Debate, vuelve a colocar bajo el foco la complejidad del asunto Pegasus, el espionaje marroquí y las tensas relaciones entre Rabat y Madrid, con un protagonista que asegura haber estado demasiado cerca de los secretos del reino alauí y de la información sensible relacionada con el software espía.

Hijaouy fue la mano derecha de Yassine Mansouri, director del servicio de inteligencia exterior de Marruecos, y según las fuentes, también tuvo acceso a información relacionada con Pegasus, el programa de NSO Group que permite la infiltración en dispositivos móviles sin que el propietario lo perciba. Su situación es relevante no solo por su historia personal, sino por lo que insinúa: podrían existir fisuras en la cúpula de seguridad marroquí, luchas internas y un flujo de consecuencias que todavía impacta en España, donde el software espía afectó a los teléfonos móviles de Pedro Sánchez, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska.

La cronología que describe El Debate se remonta hace dos años. Hijaouy, supuestamente, se vio forzado a huir de Marruecos tras un enfrentamiento con las autoridades de Rabat, pronto pasó por Francia y luego solicitó asilo en España. En septiembre de 2024, fue arrestado por una orden internacional, pero la Audiencia Nacional lo dejó en libertad provisional bajo vigilancia. Sin embargo, dejó de presentarse a las convocatorias y pasó a ser considerado fugitivo. Actualmente, según la misma información, se movería entre un piso en Mejorada del Campo y una finca en Cáceres.

Este trayecto se integra en una realidad más amplia: el caso Pegasus ha transcendido lo meramente tecnológico para convertirse en un campo de batalla política e inteligencia entre diferentes naciones. La investigación internacional que se divulgó en julio de 2026, con la participación de medios como Le Monde y otros aliados informativos, reafirmó la idea de que Marruecos usó Pegasus de manera sistemática contra periodistas, opositores y figuras públicas, y no como una mera herramienta ocasional. Otro testimonio de un exagente marroquí, publicado ese mismo mes, sugirió la existencia de una infraestructura de vigilancia mucho más extensa que implicaba escuchas, seguimientos físicos y un uso restrictivo del software, reservado para situaciones críticas.

Qué aporta este caso al rompecabezas

El potencial informativo de Hijaouy radica no solo en su identidad, sino también en su papel anterior. Si realmente formó parte del núcleo central de la inteligencia marroquí, su conocimiento podría arrojar luz sobre el proceso de toma de decisiones, quién tenía el control y la extensión de la jerarquía en la cadena de mando. En un asunto de esta índole, la distinción entre un operador y un líder puede cambiar radicalmente la interpretación del caso.

El contexto también juega un papel importante. España y Marruecos comparten una relación de cooperación esencial en áreas de seguridad, migración y control de fronteras, aunque dicha cooperación está acompañada de una desconfianza arraigada. El escándalo de Pegasus debilitó esa confianza, ya que afectó directamente al entorno del Gobierno español y la responsabilidad política nunca se estableció de manera clara en los tribunales, a pesar de los indicios evidenciados por investigaciones periodísticas y técnicas.

La dimensión más crítica reside en el ámbito judicial. El proceso en España sobre los teléfonos infectados ha atravesado cierres y reaperturas, así como nuevas investigaciones, aunque la autoría formal no fue confirmada de manera concluyente. Esto deja espacio para que cualquier nuevo reportaje periodístico pueda cambiar el rumbo de la narrativa, aunque no sea suficiente por sí mismo para forjar una imputación judicial sólida. En este escenario, además, cualquier avance depende de la cooperación entre estados, la cual a menudo se tambalea ante los temas más incómodos.

Qué puede pasar ahora

Si Hijaouy permanece en España, su situación podría convertirse en un dilema de seguridad y, al mismo tiempo, en un foco de tensión diplomática. Si decide hablar, podría ofrecer un contexto valioso sobre las dinámicas internas del espionaje marroquí y el uso de Pegasus. Por el contrario, si opta por el silencio, seguirá siendo una figura incómoda, más útil por lo que representa que por lo que realmente puede declarar.

  • Para Marruecos, su fuga es un indicio de debilidad interna.
  • Para España, su presencia reaviva un caso que nunca se llegó a resolver completamente.
  • Para los investigadores, su posible testimonio podría ayudar a encajar una historia aún fragmentada.

Mientras tanto, la dimensión tecnológica sigue expandiéndose. Pegasus ya no se entiende únicamente como un software espía, sino como un instrumento que puede cruzar fronteras, infiltrar gobiernos y desgastar las relaciones entre aliados. Por ello, cada nueva revelación es relevante: no solo por la anécdota en sí, sino porque confirma que el espionaje digital ha cobrado un protagonismo innegable en la política internacional.

Y hay un aspecto casi de novela de espías que ayuda a retratar al personaje: quienes lo han vigilado lo describen llevando una vida discreta, a medio camino entre una vivienda urbana y un entorno rural. Esta mezcla de anonimato, movimientos cortos y supervisión constante se alinea con una historia en la que nadie parece estar completamente a salvo, ni siquiera aquellos que durante años conocieron los secretos de los demás.

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