¿Llamó el general de división Luis Fernández Herrero al JEMAD o a Margarita Robles solicitando órdenes?

Traición a la Patria: ¿Por qué los 3.000 militares acantonados en Ceuta no movieron un dedo para impedir la invasión?

Hubieran bastado dos compañías desplegadas en el Tarajal, para taponar sin fisuras la frontera. Sin disparar un tiro. Cogidos los legionarios de la mano, formando barrera y poniendo cara seria.

El Tercio 'Duque de Alba' 2º de La Legión
El Tercio 'Duque de Alba' 2º de La Legión. PD

Ceuta no es una ciudad cualquiera desde el punto de vista militar.

Su estratégico emplazamiento en la orilla africana del Estrecho, su frontera terrestre con Marruecos y su reducido territorio explican que mantenga, desde hace décadas, una de las concentraciones militares más potentes de España.

El 30 de julio de 2026, cuando decenas de miles de ilegales cruzaron la frontera —en un chorreo que se prolongó durante más de 30 horas—, esa guarnición estaba allí, completa.

Y no llegó ninguna orden para utilizarla contra la avalancha.

No hacía falta disparar. Bastaba desplegarse, porque toda la frontera mide menos de ocho kilómetros y el agujero por el que entraban, en el espigón de El Tarajal, apenas tenía unos cientos de metros.

Una guarnición interarmas de unos 3.000 militares

La Comandancia General de Ceuta (COMGECEU), integrada en el Ejército de Tierra y adscrita al Mando de Canarias, cuenta con unos 3.000 militares, distribuidos entre Infantería, Caballería acorazada, Artillería, Ingenieros, Logística y unidades de apoyo al mando.

Lo verdaderamente relevante no es solo el número, sino que se trata de una fuerza interarmas completa: Legión, Regulares, carros de combate, Artillería de Campaña, defensa antiaérea, Ingenieros, Transmisiones y Logística, todo ello concentrado en apenas 19 kilómetros cuadrados de territorio.

La Legión: el Tercio Duque de Alba

Uno de los nombres inseparables de Ceuta es el del Tercio «Duque de Alba» 2.º de La Legión, cuya principal unidad de combate es la IV Bandera «Cristo de Lepanto».

Es Infantería preparada para operar con elevada movilidad, tanto en operaciones ofensivas como defensivas, y tiene su acuartelamiento tradicional en la zona del Serrallo-Recarga.

Entre las misiones para las que está preparada aparecen el combate convencional, el combate urbano, las operaciones en terreno desértico y las emboscadas.

La Legión aporta, en términos sencillos, Infantería de choque y maniobra: soldados entrenados para ocupar y defender terreno, reaccionar rápidamente ante una crisis y constituir agrupaciones tácticas desplegables cuando sea preciso.

Los Regulares: más de un siglo mirando al Estrecho

Junto a los legionarios opera otra de las unidades históricas del Ejército español: el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54, con sede en el acuartelamiento González Tablas.

Está constituido como unidad de Infantería ligera de alta disponibilidad. Su principal elemento de combate es el Tabor de Infantería «Tetuán nº 1», compuesto por compañías de fusiles y unidades de Mando, Apoyo y Servicios.

Su misión esencial es clara: mantenerse preparado para intervenir allí donde España lo requiera, tanto en territorio nacional como en operaciones internacionales.

Legionarios y Regulares proporcionan, por tanto, buena parte del músculo humano de combate de la plaza.

Leopard y Pizarro: la fuerza acorazada

Si la Legión y los Regulares son los pies de la guarnición, el Regimiento de Caballería «Montesa» nº 3 aporta sus elementos pesados.

Dispone de 20 carros de combate Leopard 2A4 y más de 15 vehículos de combate Pizarro, encuadrados en el Grupo de Caballería Acorazado «Cazadores de África» I/3.

El regimiento tiene su sede tradicional en el acuartelamiento Coronel Galindo.

Su función fundamental es reconocer, proporcionar movilidad y potencia de fuego y combatir contra fuerzas mecanizadas o acorazadas enemigas.

Artillería para tierra y aire

Otra singularidad de Ceuta es disponer de un Regimiento Mixto de Artillería, el RAMIX nº 30.

Y lo de mixto es importante.

Está compuesto por un Grupo de Artillería de Campaña (GACA I/30) y un Grupo de Artillería Antiaérea (GAAA II/30). Es decir, puede proporcionar fuegos contra objetivos terrestres y contribuir simultáneamente a la defensa frente a amenazas aéreas.

Entre los sistemas de su dotación figuran obuses SIAC de 155/52, piezas de 105/14, cañones antiaéreos Oerlikon de 35/90, misiles MISTRAL, direcciones de tiro SKYDOR y radar tridimensional.

El Regimiento mantiene instalaciones en los acuartelamientos Teniente Fuentes Pila y Monte Hacho.

Traducido al lenguaje de la calle: Ceuta cuenta con artillería capaz de apoyar a sus tropas terrestres y con medios específicos para contribuir a proteger el espacio inmediato frente a amenazas aéreas de baja y muy baja cota.

Los Ingenieros: abrir el camino o cerrárselo al adversario

El Regimiento de Ingenieros nº 7, ubicado en El Jaral, proporciona a la Comandancia General los apoyos especializados de Ingenieros.

Sus cometidos abarcan desde zapadores y movilidad hasta gestión del terreno, lucha contra artefactos explosivos, capacidades EOD y C-IED, trabajos de fortificación y apoyo a las unidades de combate.

Dispone de material pesado especializado, incluidos vehículos de combate de zapadores, maquinaria de movimiento de tierras, grúas, retroexcavadoras, volquetes y motoniveladoras.

Su función es esencial en cualquier operación: abrir rutas propias, superar obstáculos, preparar posiciones y dificultar el movimiento adversario, además de afrontar amenazas explosivas.

La logística: sin ella no combate nadie

Menos espectacular, pero absolutamente imprescindible, es la Unidad Logística nº 23 (ULOG 23).

Su misión es proporcionar apoyo directo a las unidades de la Comandancia General, mediante abastecimiento, mantenimiento y transporte, además de las funciones de Plana Mayor y servicios. Su principal instalación se encuentra en el acuartelamiento Otero.

Porque un Leopard sin combustible, una pieza de artillería sin munición o una compañía sin abastecimiento dejan rápidamente de constituir una fuerza operativa.

El cerebro de la guarnición

Finalmente están el Cuartel General de la COMGECEU y su Batallón de Cuartel General.

El Cuartel General se encuentra en el histórico Foso Almina, junto a la Plaza de África, mientras que el Batallón de Cuartel General utiliza como instalación principal el acuartelamiento General de Ejército Pardo de Santayana y mantiene presencia administrativa y de apoyo en otros establecimientos militares de la ciudad.

Desde esta estructura se ejercen las funciones de mando, planeamiento, coordinación, comunicaciones y apoyo necesarias para que unidades tan diferentes puedan actuar conjuntamente.

Todo ello está a las órdenes del general de división Luis Fernández Herrero, veterano de la BRIPAC y con experiencia en misiones internacionales en Bosnia, Afganistán, Irak y Líbano.

Su historial de condecoraciones incluye la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, además de Cruz, Encomienda y Placa de la misma Orden; cinco Cruces al Mérito Militar y la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. También ha recibido la Cruz del Mérito Policial y la Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil.

¿Cuál es exactamente la misión de estos 3.000 militares?

Aquí conviene desmontar una simplificación.

Los militares destinados en Ceuta, además de estar permanentemente apostados junto a la frontera marroquí, están disponibles para responder a las contingencias que determine el Gobierno y la cadena de mando militar.

¿Y qué hicieron durante las más de 30 horas que se prolongó la invasión?

La respuesta da vergüenza ajena: nada.

Y cuando salieron a patrullar, sin armas y aparentemente desorientados, fueron recibidos a pedradas y tuvieron que retirarse, llegando a pedir ayuda al 112.

Las horas en que cayó la frontera

Ceuta vivió el 30 y 31 de julio de 2026 uno de los episodios más sonrojantes y graves de la historia española reciente.

Decenas de miles de personas enfilaron hacia territorio español desde Marruecos y muchas lograron su objetivo, nadando o caminando.

La frontera terrestre entre España y Marruecos en Ceuta mide apenas ocho kilómetros, pero el asalto —la invasión, el paseo— se concentró en la zona del Tarajal.

El informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional, remitido a la Audiencia Nacional, sostiene que la movilización no fue espontánea, sino planificada, y apunta a la participación de agentes, gendarmes y elementos de las fuerzas de seguridad marroquíes.

En cualquier caso, todo se desarrolló inicialmente sin que hubiera una respuesta capaz de frenar la avalancha.

¿Dónde estaba el Ejército español mientras entraban en procesión los invasores a Ceuta?

La respuesta es paradójicamente sencilla.

Estaba allí.

Como hemos explicado, Ceuta dispone de una guarnición de unos 3.000 militares, una concentración excepcional para una ciudad de apenas 19 kilómetros cuadrados.

Pero no acudieron a cerrar la frontera. Ni al inicio, ni por la tarde, ni por la noche, ni al día siguiente.

Y la razón —sobre el papel— es jurídica y operativa: el control de la frontera y de la inmigración irregular corresponde a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no al Ejército.

La Guardia Civil y la Policía Nacional quedaron, por tanto, como responsables de lidiar con la avalancha.

En la práctica, ante semejante volumen de entradas, poco podían hacer más allá de asistir, ordenar y atender a quienes iban llegando.

La primera oleada

La crisis, que llevaba gestándose varios días, estalló durante la madrugada del jueves 30 de julio.

Grupos de jóvenes comenzaron a entrar en Ceuta a nado, bordeando el espigón de El Tarajal.

A las 06.00 de la mañana ya había fotografías en los diarios digitales y las redes sociales comenzaban a poblarse de vídeos.

Uno imagina que llegarían alertas a La Moncloa, al Ministerio del Interior, al Mando de Canarias y al Ministerio de Defensa.

Que el general Fernández Herrero informaría por su cadena de mando y que la noticia acabaría sobre las mesas correspondientes.

Pero nadie movió un pelo.

Después llegó una segunda oleada, muchísimo mayor, y a media mañana todo estaba colapsado.

Y siguió el aluvión.

A las siete de la tarde los políticos dan señales de vida

La decisión política llegó durante la tarde.

En torno a las 19.00 horas del 30 de julio trascendió que el Gobierno de Sánchez había decidido movilizar las unidades del Ejército de Tierra estacionadas en Ceuta.

No para taponar El Tarajal —algo que podía haberse intentado sin necesidad de disparar un solo tiro—, sino para realizar labores de presencia, vigilancia y apoyo.

Defensa e Interior comunicaron que las Fuerzas Armadas reforzarían a la Guardia Civil «en el ejercicio de sus competencias y aquellas que puedan resultar necesarias para mantener la seguridad en la ciudad de Ceuta».

Los militares quedarían coordinados por el Mando de Operaciones y actuarían en apoyo de la Guardia Civil.

Es un matiz fundamental.

No se ordenó al Ejército sustituir a la Guardia Civil en la frontera ni bloquear directamente la entrada de quienes la atravesaban.

Se le ordenó —eufemísticamente— apoyar, vigilar, patrullar y contribuir a garantizar la seguridad de la ciudad.

El Ministerio de Defensa bautizaría después el cometido con tres palabras: «presencia, vigilancia y apoyo».

En otras palabras: impedir que el descontrol fronterizo se trasladase al interior de Ceuta.

Lo que no hicieron los militares

Este punto resulta esencial para comprender el 30-J.

Los soldados españoles no recibieron la orden de cerrar militarmente la frontera.

No hubo carros Leopard 2A4 avanzando hacia El Tarajal.

No se desplegó la Artillería.

No se emplearon los Pizarro como elemento disuasorio frente a quienes atravesaban el espigón.

Y, obviamente, no se utilizaron armas de guerra contra los asaltantes. Pero tampoco manos o gestos.

Hubieran bastado dos compañías desplegadas en el Tarajal, para taponar sin fisuras la frontera.

Cogidos los legionarios de la mano, formando barrera y poniendo cara seria.

La paradoja ceutí y la responsabilidad de Sánchez

La cuestión que queda después de reconstruir aquellas horas no es tanto por qué La Legión y los Regulares no detuvieron la primera oleada.

No tenían encomendada esa misión.

La cuestión verdaderamente importante es otra:

¿Se enteró en algún momento el Gobierno de Sánchez de que lo que estaba ocurriendo había dejado de ser una entrada irregular ordinaria para convertirse en una crisis de seguridad de dimensiones excepcionales?

Su jefe estaba a punto de comenzar sus vacaciones, pero Marlaska o Robles podían haber reaccionado.

No lo hicieron.

Y su actuación, unida a las declaraciones posteriores sobre Marruecos y Mohamed VI, refuerza inevitablemente la tesis de que la responsabilidad del Gobierno en lo ocurrido no es sólo política: es penal.

Porque Ceuta tenía soldados.

Tenía legionarios.

Tenía Regulares.

Tenía carros de combate.

Tenía Ingenieros.

Tenía Artillería.

Tenía una Comandancia General.

Lo que no hubo durante esas treinta horas de iniquidad fue una orden de defender la Patria.

Y a uno, como español, como antiguo sargento de IMEC, como ciudadano, se le cae la cara de vergüenza.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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